Que es el trastorno bipolar?

El trastorno bipolar, antes conocido como psicosis maníaco-depresiva, es una enfermedad psíquica. Se caracteriza por pasar de un estado hipertímico (euforia) a uno de distímico (depresión). Estos episodios no tienen relación con los acontecimientos de la vida del paciente, dicho de otro modo no son reactivos.

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Trastorno bipolar

Este trastorno puede afectar a las personas en un grado variable. La forma más leve o ciclotimia se considera como un carácter en el que el individuo pasa fácilmente de la alegría a la tristeza. En la forma más grave los ciclos de euforia y depresión se suceden con gran rapidez e intensidad, lo que incapacita al individuo para llevar una vida considerada normal.

Esta enfermedad afecta a aproximadamente un 2% de la población mundial.

La escritora Virginia Woolf la sufrió en una forma grave. En la forma leve o ciclotimia afectó Winston Churchill y Oliver Cromwell

Qué encontrarás en este artículo?

Fase eufórica

  • Se inicia con sensación de mucha energía, creatividad, facilidad de contacto social, pérdida de timidez.
  • Continúa con escasa necesidad de sueño, hablar agitadamente, pensamiento acelerado, falta de concentración, manías de grandeza, conducta temeraria.
  • En casos graves, alucinaciones, ideas de persecución e intentos de suicidio.

Fase depresiva

  • Trastornos del sueño: insomnio, pesadillas.
  • Dificultad de experimentar el placer: gastronómico, sexual, vital.
  • Disminución de la autoestima: llantos, sentimiento de culpa, angustia, irritabilidad e ideas negativas en general.

El DSM 5 lo divide en trastorno bipolar del tipo I y trastorno bipolar del tipo II

Trastorno bipolar del tipo I

El trastorno bipolar del tipo I es una enfermedad mental que produce en la persona ciclos alternos de euforia y depresión muy acusados ​​y con presencia de estados de manía que pueden incluir alucinaciones. Se considera la variante más severa del trastorno bipolar y se opone tanto al trastorno bipolar del tipo II como la ciclotimia. Los períodos de estabilidad se denominan eutimia y pueden prolongarse mucho si se controla de manera adecuada la medicación.

Criterios de diagnóstico

La persona para ser diagnosticada con este trastorno debe haber sufrido episodios de manías, estados de depresión clínica y estados de agitación elevada que no puedan ser atribuidos a la esquizofrenia u otras enfermedades. Durante la fase de subida o euforia, se experimenta una energía inusual, conductas potencialmente temerarias y alteración del habla o de los movimientos. Pueden producirse pensamientos mesiánicos. Durante la fase depresiva, sobreviene una enorme tristeza, bajada de autoestima, sentimiento de culpa no justificado, apatía y alteraciones en el sueño. Hay que experimentar estas alternancias de forma continuada o severa, no atribuible a estados de ánimo puntuales. Los delirios esporádicos son un criterio adicional de diagnóstico.

Existen subtipos del trastorno que consideran la rapidez en la alteración del humor, la presencia o no de ansiedad y ataques de pánico o la influencia de factores estacional. En los hombres el primer episodios suele ser de hipertimia o euforia y en las mujeres, una fase depresiva. Desde la primera crisis hasta los siguientes episodios puede pasar un tiempo relativamente largo. Una dificultad añadida a esta latencia es que un 64% de los afectados presentan rasgos depresivos en la fase maníaca, lo que puede camuflar la enfermedad como una depresión clínica.

Tratamiento

El tratamiento para el trastorno bipolar del tipo I se basa en una medicación que controla las fluctuaciones en los estados anímicos, con rutinas de control a la hora de comer y dormir. La terapia psicológica ayuda a reconducir las conductas y percepciones durante las diferentes fases.

Algunos de los componentes más frecuentes de la medicación prescrita son el litio, ácido valproico y los fármacos lamotrigina, quetiapina y risperidona. Los antidepresivos ordinarios pueden tener efectos no deseados como el incremento de tendencias suicidas entre los afectados.

Causas

Se considera que la principal causa del trastorno es endógena (con predisposición genética a padecerlo) y supone un desequilibrio los neurotransmisores del cerebro. Sin embargo, todavía no hay estudios concluyentes sobre los factores últimos que suscitan. Aspectos ambientales (como cambios hormonales o episodios de alteración psicológica) o el consumo de drogas puede hacer desencadenar el trastorno latente.

Se suele dar entre personas adultas, si bien se han diagnosticado casos entre niños y adolescentes. En estos casos la sintomatología aparente puede ser cercana al trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

Trastorno bipolar del tipo II

El trastorno bipolar del tipo II es una variante del trastorno bipolar diferente al trastorno bipolar del tipo I ya la ciclotimia. Consiste en una alternancia recurrente entre fases eufóricas y depresivas

Criterios de diagnóstico

El paciente afectado tiene fases de energía alta, caracterizadas por sentimientos de omnipotencia, aceleración del ritmo cardíaco general, tendencia a comer más de la cuenta (hiperfagia) y conductas temerarias potenciales. Las fases depresivas incluyen un bajo estado de ánimo general, alteraciones del sueño, cambios fuertes repentinos de percepción de una misma situación [1] y apatía general. Las fases depresivas son de mayor intensidad y de mayor duración que los ciclos altos, lo que puede llevar a confundir la enfermedad con una depresión clínica. A menudo aparecen comportamientos compulsivos, irritabilidad.

Las diferencias con el trastorno bipolar del tipo I es la ausencia de delirios y una mayor recurrencia de las alteraciones, que pueden desencadenar hasta cuatro ciclos anuales (en el 15% de las personas). [2] Esta sucesión rápida es mucho más frecuente entre las mujeres que entre los hombres, las cuales también presentan mayor duración de las fases depresivas. Hay mayor tendencia al suicidio durante las fases de caída y se dan más casos de recaída en los pacientes tratados que en los afectados por el tipo I. Igualmente se produce más afectación en aspectos cotidianos como la rutina, la capacidad de concentración o el trabajo. Por el contrario, la gravedad de las crisis en cada ciclo es menor.

Un 20% de las personas que padecen este trastorno terminan desarrollando otras patologías, como alteraciones en la comida que pueden desembocar en bulimia, alteraciones de la personalidad y abuso de drogas y alcohol, factor que aumenta significativamente el riesgo de suicidio.

Tratamiento

El tratamiento tiene una base farmacológica e incluye la administración de litio, Topamax, quetiapina, diferentes variantes de inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina y pramipexol.

La medicación se alterna con terapia psicológica para reconducir las conductas lesivas en cada fase y para alargar el tiempo de recaída. Se ha demostrado su efectividad en prevenir intentos de suicidio.

Causas

No hay estudios concluyentes sobre la causa del trastorno, pero se cree que tiene un fuerte componente genético. La distinción entre los subtipos de trastorno se hace basándose en conductas del paciente y no a biomarcadores, por tanto no es posible determinar si los orígenes de la enfermedad son los mismos que en los bipolares de tipo I o no, aunque se piensa que el tipo II tiene más posibilidades de ser transmitido por herencia genética.

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