Que es el Alzheimer? Síntomas, diagnóstico y control

En este artículo, vamos a aprender que es el alzheimer, las hipoteticas causas, síntomas de alzheimer, y todo lo relacionado con esta enfermedad degenerativa.

La enfermedad de Alzheimer, o simplemente alzhéimer es la demencia más común. Es incurable, degenerativa y terminal. Fue descrita por primera vez por el psiquiatra y neurólogo alemán Alois Alzheimer durante el año 1906, por lo que se le dio su nombre. En general se diagnostica en personas mayores de 65 años, aunque hay casos de aparición precoz, los cuales, aunque con menor prevalencia, se pueden dar fuerza antes. Aproximadamente, se calcula que en septiembre de 2009 en el mundo había más de 35 millones de casos de alzheimer registrados. Al parecer, la prevalencia de esta enfermedad podría alcanzar los 107 millones de personas en 2050.

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Que es el alzheimer? Cuáles son sus síntomas?

Síntomas de alzheimer

A pesar de que la causa de esta enfermedad es diferente para cada caso, hay bastantes síntomas comunes de alzheimer. Los primeros en manifestarse suelen ser confundidos por simples efectos de la edad o causas del estrés. En estas primeras etapas, el síntoma más común que se detecta es la pérdida de memoria, así como la dificultad para recordar cosas aprendidas recientemente. Cuando un médico es informado y se sospecha de la presencia de Alzheimer, el diagnóstico generalmente se confirma con una evaluación del comportamiento del paciente y con tests cognitivos, aunque, si se puede, a menudo también se le hace escáner cerebral.

A medida que la enfermedad avanza, aparecen síntomas como la confusión, la irritabilidad y la agresividad, cambios de humor, pérdida de memoria a largo plazo y de sensibilidad. Gradualmente, también se pierden las funciones corporales, tendiendo finalmente hacia la muerte. El pronóstico individual es difícil de asegurar, ya que la duración de las etapas es muy variable. El Alzheimer, por otra parte, presenta un periodo indeterminado de tiempo mientras se desarrolla, antes de convertirse en totalmente evidente. Por ello, es posible que progrese sin diagnosticar durante muchos años. El promedio de vida una vez diagnosticado es de aproximadamente siete años. Menos del 3% de los individuos vive más de 14 años después del diagnóstico.

Las causas y la progresión de la enfermedad no son claras. Los estudios indican que la enfermedad está asociada a las placas seniles y ovillos neurofibrilares en el cerebro. Los tratamientos que se utilizan actualmente para tratarla causan pequeños beneficios sintomáticos; pero todavía no hay tratamiento para retrasar o detener la enfermedad. En 2008 se llevaron a cabo más de 500 ensayos clínicos para tratar de identificar un posible tratamiento, pero aún es pronto para determinar si alguna de estas intervenciones y estrategias estudiadas presentan resultados prometedores. Para prevenir la enfermedad, se acostumbran a recomendar hábitos no invasivos o estilos de vida, pero no hay ninguna prueba firme de la relación entre las recomendaciones y la probabilidad de padecer Alzheimer. Por ejemplo, se cree que la estimulación mental, el ejercicio y una dieta equilibrada ayudarían tanto a prevenir como a mejorar las condiciones una vez se ha expresado la enfermedad.

Ya que el Alzheimer se trata de una enfermedad incurable y degenerativa, es esencial saber llevar los pacientes. Por lo tanto, el rol de cuidador es preferiblemente adoptado por el cónyuge o un pariente cercano, ya que las características de la enfermedad hacen que recaiga una gran carga sobre el portador de ese rol; con el avance enfermedad incrementa la presión, y acaba implicando la vida del cuidador en el ámbito social, psicológico, físico y económico En los países desarrollados, esta patología es una de las más costosas para la sociedad.

Características

El transcurso de la enfermedad se divide en cuatro etapas, con modelos progresivos de impedimentos cognitivos y funcionales

Pre-demencia

Los primeros síntomas que se manifiestan suelen ser confundidos por simples efectos de la edad o causas del estrés. Un test neuropsicológico detallado puede revelar ligeras dificultades cognitivas hasta ocho años antes de que la persona cumpla los criterios clínicos que definen el diagnóstico de Alzheimer. Estos primeros síntomas pueden afectar a las actividades cotidianas más complejas. El déficit que más destaca es la pérdida de memoria, que se expresa como una dificultad para recordar hechos aprendidos recientemente e incapacidad de retener nueva información.

En estos primeros estadios también resultan sintomáticamente significativos los problemas sutiles con funciones ejecutivas o de atención, de planificar, de flexibilidad y de pensamiento abstracto o deterioro de la memoria semántica (recordar el significado de las palabras y poder relacionar conceptos). También es probable observar apatía, que termina siendo el síntoma neuropsiquiátrico más persistente a lo largo del desarrollo de la enfermedad. Este estadio preclínico también se ha llamado deterioro cognitivo leve, pero se discute si este término corresponde a una fase de diagnóstico diferente o si identifica como el primer escalón de la enfermedad del Alzheimer.

Demencia precoz

Es frecuente que el diagnóstico definitivo se dé a los enfermos con deterioro del aprendizaje y la memoria. En pocos, sin embargo, las dificultades con el lenguaje, las funciones ejecutivas, la percepción (agnosia) o la ejecución de movimientos (apraxia) son más prominentes que los problemas de memoria. Sin embargo, el Alzheimer no afecta todas las capacidades de la memoria por igual: los hechos y los recuerdos recientes se ven afectados en mayor medida que los recuerdos antiguos de la propia vida (memoria episódica), los datos aprendidas (memoria semántica) y la memoria implícita (la memoria de como manejar el cuerpo para hacer cosas, como usar un tenedor para comer).

Los problemas con el lenguaje, por otra parte, se caracterizan principalmente por una disminución tanto del vocabulario y como de la fluidez del habla, lo que implica un empobrecimiento general del lenguaje oral y escrito. En este punto, sin embargo, el paciente normalmente es capaz de comunicar adecuadamente sus ideas básicas. Sin embargo, cuando lleva a cabo tareas de motricidad fina como escribir, pintar o vestirse, suele presentar alguna dificultad de coordinación o planificación de movimientos (apraxia), pero a menudo son obviados. A medida que la enfermedad progresa, los pacientes a menudo pueden continuar llevando a cabo de forma independiente algunas tareas, pero suele necesitar ayuda, asistencia o supervisión en algunas de las actividades más cognitivas.

Demencia moderada

El deterioro progresivo termina dificultando la independencia, y los pacientes dejan de ser capaces de llevar a cabo las actividades más básicas del día a día. Además, las dificultades en el habla se convierten en evidentes debido a una creciente incapacidad de recordar vocabulario, que conduce a frecuentes sustituciones de palabras incorrectas (parafasia). Del mismo modo, la capacidad de escribir y leer también se pierden progresivamente, y las secuencias motoras complejas se vuelven menos coordinadas a medida que la enfermedad avanza, incrementando el riesgo de caídas. Durante esta fase , los problemas de memoria empeoran, y el paciente puede llegar a no recordar parientes cercanos. La memoria a largo plazo, que previamente ya había sido inactiva, resulta totalmente deteriorada.

Paralelamente, los cambios neurpsiquiàtrics y de conducta adquieren mayor prevalencia, manifestándose a través de la duda, la irritabilidad y una afectividad magra, la tendencia a llorar, estallidos de agresividad y violencia repentinos o resistencia a los cuidados. Aproximadamente el 30% de los pacientes desarrollan malas identificaciones imaginarias y otros síntomas ilusorios. Además, también pierden la noción del proceso de su enfermedad y sus limitaciones (anosognosia), desarrollando problemas como la incontinencia urinaria, los que crean estrés a familiares y cuidadores y pueden ser el motivo de trasladar el enfermo del cuidado de casa en servicios externos de cuidado a largo plazo.

Demencia avanzada

Durante esta etapa en la enfermedad del Alzheimer, el paciente ya es completamente dependiente de sus cuidadores. El lenguaje ya ha quedado reducido a frases cortas y simples, o bien a palabras sueltas, y es muy frecuente que la persona se pierda completamente al intentar hablar. A pesar de esta pérdida de las habilidades lingüísticas, a menudo los pacientes entienden y responden a señales emocionales. A pesar de que la agresividad puede persistir, la apatía y el agotamiento son resultados mucho más comunes. Al final, los pacientes no pueden llevar a cabo ni las tareas más simples sin ayuda. La masa muscular y la movilidad están totalmente deterioradas hasta el punto de que los enfermos yacen postrados en la cama, y no pueden ni alimentarse por sí mismos. En este punto se evidencia que el Alzheimer es una enfermedad terminal, aunque la causa de muerte no suele ser la enfermedad por sí sola, sino un factor externo como una infección de las úlceras o una neumonía.

Causas del alzheimer

Actualmente, coexisten principalmente tres hipótesis competitivas para explicar la causa del alzheimer:

Hipótesis colinérgica

Es la más antigua y en la que se basan la mayoría de los fármacos que podemos encontrar actualmente. Propone que el Alzheimer viene causado por un bajo nivel de síntesis del neurotransmisor de acetilcolina. Sin embargo, no ha podido mantener un amplio apoyo, ya que los fármacos que procuraban tratar los niveles de acetilcolina no fueron muy efectivos. También se han propuesto otros efectos colinérgicos, como la iniciación de la agregación a gran escala de amiloide, que produciría una inflamación neuronal generalizada.

Hipótesis del amiloide

En 1991, se postuló que los depósitos de amiloide beta (Aβ) son la causa fundamental de la enfermedad. Se basaba en el hecho de que el gen de la proteína precursora del amiloide beta (APP; amyloid precursor protein) se encuentra en el cromosoma 21, que coincide con el de la trisomía que provoca el Síndrome de Down, y casi la totalidad de las personas con este síndrome (una copia extra del gen) desarrollan Alzheimer alrededor de los 40 años.

Además, la apolipoproteína APO-E4, el factor genético de mayor riesgo para el Alzheimer, conduce a producir amiloide en exceso ya antes de que los síntomas de la enfermedad afloren. Por lo tanto, se puede decir que los depósitos de Aβ preceden el Alzheimer clínico. Pruebas más firmes de este hecho se encuentran en el descubrimiento de que los ratones transgénicos que expresan una forma mutante del gen humano APP desarrollan placas de amiloide fibrilar y una enfermedad cerebral similar a la del Alzheimer humano con déficits de aprendizaje espacial.

A raíz de estas pruebas, se encontró una vacuna experimental para limpiar las placas de amiloide en ensayos con pacientes precoces, pero no tuvieron ningún efecto significante a la hora de evitar la demencia. Así, los científicos concluir que quizás los Aβ no formaban placas, sino oligómeros (agregados de muchos monómeros), como la forma patógena primaria de los Aβ. Estos oligómeros tóxicos, también llamados Addl (Amyloid-Derived Diffusible ligand), se adhieren al receptor de la superficie de las neuronas y cambian la estructura de la sinapsis, y, por consiguiente, irrumpiendo la comunicación neuronal. Un receptor los oligómeros de Aβ podría ser la proteína priónica (PRNP), la misma que ha sido relacionada con la enfermedad de las vacas locas y la pertinente patología humana, llamada enfermedad de Creutzfeldt-Jakob. Esta proteína permitiría relacionar los mecanismos que sostienen los trastornos neurodegenerativos en esta enfermedad con los que se encuentran en caso de Alzheimer.

Durante 2009 esta teoría ha sido actualizada; y sugiere que podría haber una variante bastante cercana de la proteína beta-amiloide (y no necesariamente la beta-amiloide (Aβ) en sí) que fuera la principal culpable del Alzheimer. Además, sostiene que el mecanismo relacionado con las amiloides que, en la fase de crecimiento rápido del cerebro (es decir, en edades infantiles), corta las conexiones neuronales podría ser re-activado por procesos relacionados con la edad y la envejecimiento durante las últimas etapas de la vida, causando la fulminación de las neuronas característica del Alzheimer.

Estos supuestos se basan en los N-APP, unos fragmentos del extremo N-terminal de las APP, que se encuentran adyacentes a la Aβ pero pueden escindirse de él. Desencadenan la autodestrucción de la neurona uniéndose a unos receptores de la membrana neuronal llamados receptores de la muerte 6 (RD6; dead receptor 6) o bien TNFRSF21. Se ha encontrado que estos receptores se expresan abundantemente en las regiones del cerebro más afectadas por el Alzheimer. Por tanto, se cree que es posible que esta vía N-APP / DR6 esté activada en el cerebro anciano causándole la enfermedad. Según este modelo, por tanto, la beta-amiloide (Aβ) presenta un rol complementario, basado en la disminución de la función sináptica.

Hipótesis tau

En 2004, sin embargo, un estudio encontró que los depósitos de placas de amiloide no se correlacionan del todo con la pérdida de neuronas activas. Esta observación hizo pensar que era la anormalidad de una proteína tau la que iniciaba el desarrollo de la enfermedad. En este modelo, proteínas tau hiperfosforilada empiezan a aparearse con otras cadenas tau, formando finalmente un ovillo neurofibrilar dentro de los cuerpos de las células nerviosas. Cuando esto sucede, los microtúbulos se desintegran colapsando el sistema de transporte de la neurona, lo que podría causar, en primera instancia, un mal funcionamiento en las comunicaciones entre neuronas y, a la larga, la muerte de las células. Por otra parte, también se ha propuesto que el virus del herpes simple de tipo 1 podría ser el portador de las versiones susceptibles del gen de la APO-E.

Neuropatología

El Alzheimer se caracteriza por la pérdida de neuronas y sus sinapsis en el córtex cerebral y en algunas regiones subcorticales, causando graves atrofias como la degeneración del lóbulo temporal, el lóbulo parietal, y partes del córtex frontal y del cíngulo gyrus. Mediante estudios realizados con resonancias magnéticas y con tomografías de emisión de positrones; comparando los resultados de pacientes de Alzheimer y personas adultas sanas, se han observado reducciones de regiones específicas del cerebro características de los individuos que presentan la enfermedad, las cuales incrementan progresivamente a medida que ésta avanza.

Por otra parte, tanto las placas de amiloide como los ovillos neurofibrilares dles cerebros afectados por el Alzheimer son claramente visibles al microscopio. Las placas son densas, y están formadas mayoritariamente por depósitos insolubles de péptidos beta-amiloide y material celular que ocupa el medio extracelular-3lular y rodea las neuronas. Los cogollos, en cambio, son agregados de proteínas tau asociadas a microtúbulos que se encuentran hiperfosforilada y se acumulan en el medio intracelular.

Aunque la muchos individuos desarrollan algunas placas de amiloide y ovillos neurofibrilares como consecuencia de la edad, los cerebros con Alzheimer presentan un número mucho más crítico y concentrado en regiones específicas como los lóbulos temporales. No es extraño encontrar, además, cuerpos de Lewy en los cerebros de pacientes enfermos.

Bioquímica

El Alzheimer ha sido identificado como una proteïnopatia; es decir, una enfermedad causada por el mal plegamiento de proteínas, causada por la acumulación de beta-amiloide anormalmente replegada y proteínas tau en el cerebro. Las placas que se forman están constituidas por beta-amiloide (A-beta o Aβ ), que son pequeños péptidos, de entre 39 y 43 aminoácidos de longitud, que se han escindido de una proteína más grande llamada proteína precursora del amiloide (APP). La APP es una proteína transmembranal que penetra a través de la membrana de las neuronas, y resulta ser un elemento crítico para el crecimiento, la supervivencia y la reparación de los daños menores de la neurona. En la enfermedad de la Alzheimer, un proceso desconocido provoca que unas enzimas dividan las APP en pequeños fragmentos a través de un proceso de proteólisis. Uno de estos fragmentos constituye las fibrillas de beta-amiloide, que forma precipitados que se depositas y acumulan fuera las neuronas formando unas estructuras densas llamadas placas seniles.

No obstante, el Alzheimer también se puede considerar una tauopatia debido a la acumulación anormal de la proteína tau. Cada neurona tiene un citoesqueleto, es decir, una estructura de apoyo interno, y éste está parcialmente constituido por microtúbulos, que actúan como vía, guiando los nutrientes y las moléculas desde el cuerpo neuronal en las terminaciones de los axones y viceversa. Las proteínas tau activas; es decir, fosforiladas, tienen la función de estabilizar los microtúbulos, por lo que se denominan proteínas asociadas a microtúbulos. En un cerebro enfermo, estas proteínas sufren cambios químicos, deviniendo hiperfosforilada, y comienzan a unirse todo tipo de filamentos, creando ovillos neurofibrilares y desintegrando por completo todo el sistema de transporte de la célula.

Mecanismo de la enfermedad

De hecho, no se sabe a ciencia cierta cómo estos cambios en la producción y la agregación de los péptidos Aβ dan lugar a la patología. La ​​hipótesis tradicional sobre los amiloides propone que la acumulación de estos es la principal causa del desencadenamiento de la degeneración de la neurona, ya que la inducen a la apoptosis, o muerte celular programada. Se cree que estas fibrillas de péptidos son la forma tóxica de la proteína responsable de dividir la homeostasis de los iones calcio. Aparte, también se sabe que las Aβ estructuran selectivamente dentro las mitocondrias de las células cerebrales afectadas, inhiben la función de ciertas enzimas y la utilización de glucosa por la neurona.

Algunos procesos inflamatorios y de citocinesis también podrían tener algún papel en la patología, ya que, en general, la inflamación es un marcador de daños en los tejidos y, en este caso, podría ser tanto un efecto de los daños en las neuronas como el marcador de una respuesta inmunológica.

Finalmente, en la patología del Alzheimer también se han descrito alteraciones en la distribución de diferentes factores neurotróficos y en la expresión de sus receptores como el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF).

Genética

La gran mayoría de los casos de Alzheimer son esporádicos, es decir, no han sido heredados genéticamente, aunque algunos genes podrían actuar como factores de riesgo. Por otra parte, alrededor del 0,1% de los casos son formas familiares de herencia autosómica dominante, pero en estos la enfermedad se manifiesta antes de los 65 años.

La mayoría de los Alzheimers familiares de carácter autosómico dominante pueden ser atribuidos al gen de la APP o los genes de las presenilinas (PS) 1 y 2. Las mutaciones en estos genes suelen incrementar la producción de pequeñas proteínas llamadas Aβ42, que es el componente principal de las placas seniles, aunque algunas sólo alteran la proporción entre la Aβ42 y otras formas de las Aβ (como, por ejemplo, la Aβ40) sin incrementar, por tanto, los niveles de Aβ42. Esto sugiere que las mutaciones de la presenilina pueden causar daños aunque hagan disminuir la cantidad total de Aβ producido, y que estas proteínas podrían tener otros papeles, como el de alterar la función de las APP o la de sus fragmentos que no son Aβ.

Normalmente, sin embargo, el Alzheimer no presenta herencia autosómica recesiva, por lo que se llama Alzheimer esporádico. Sin embargo, sí está claro que las diferencias genéticas son factores de riesgo. El factor de riesgo más conocido es la herencia del alelo ε4 de la APO-E. Entre el 40 y el 80% de los afectados presenta, al menos, un alelo APO-E4, el cual incrementa el riesgo de padecer la enfermedad en el orden de tres veces para los individuos heterocigotos y de quince veces para los homocigotos. Sin embargo, se sabe que hay bastantes otros genes que también actúan como factores de riesgo o bien presentan efectos protectores que influyen en el desarrollo del Alzheimer. Por otra parte, se han estudiado más de 400 genes para asociarlos a las manifestaciones tardías del Alzheimer esporádico, pero la mayoría han resultado ser nulas.

Diagnóstico

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Como se diagnostica el alzheimer?

En general, la enfermedad de Alzheimer en diagnostica a partir de la historia del paciente, la de sus familiares más cercanos y colaterales, y las observaciones clínicas, pero siempre basándose en la presencia de características neurológicas y neuropsicológicas consensuadas y en la ausencia de condiciones alternativas. Para descartar otras patologías cerebrales o subtipo de demencia se utilizan técnicas de imagen médica como tomografías computadas (TC), resonancias magnéticas (MRI), tomografías computadas por emisión de fotones (SPECT) o tomografías de emisión de positrones (PET). Para analizar el estado de la demencia, por otra parte, se emplean tests de evaluación del funcionamiento intelectual, que generalmente también incluye el análisis del estado de la memoria. A partir de organizaciones de médicos han creado criterios de diagnóstico para estandarizar y facilitar el proceso de identificación de la enfermedad. En cuanto a la confirmación del diagnóstico, sólo se puede hacer post mortem, mediante una autopsia muy cuidadosa una vez podemos examinar histológicamente el material del cerebro.

Criterios de diagnóstico

En 1984 se estableció el criterio NINCDS-ADRDA, uno de los más utilizados. Los responsables fueron el NINCDS (National Institute of Neurological and Communicative Disorders and Stroke) junto con el ADRDA (Alzheimer ‘s Disease and Related Disorders Association, hoy en día conocido como Asociación de Alzheimer). En 2007 fue extensamente revisado y actualizado.

Este criterio requiere que, para diagnósticos posibles o probables, se confirme la presencia de discapacidades cognitivas y la sospechosa síndrome de demencia con un test neuropsicológico. Para el diagnóstico definitivo, pero, pide una conformación histopatológica, la cual debe incluir una examinación del tejido cerebral al microscopio. La aplicación de este criterio ha determinado que es estadísticamente fiable y válido en cuanto a la comparación con la confirmación histopatológica.

Por otra parte, se han determinado ocho dominios cognitivos como los que son más comúnmente dañados en la demencia: memoria, lenguaje, capacidad perceptiva, atención, habilidades constructivas, orientación, resolución de problemas y habilidades funcionales. Estos dominios coinciden con los del Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM-IV-TR; Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), publicado por la American Psychiatric Assossiation.

Herramientas de diagnóstico

Para evaluar la discapacidad cognitiva a la hora de fijar el diagnóstico, hay una serie de tests test neuropsicológico como el MMSE (mini-mental state examination), pero se necesitan tests más integrales para obtener resultados definitivos, especialmente en las primeras etapas de la enfermedad. Por lo tanto, es frecuente que el resultado del examen neurológico en casos de Alzheimer precoz pueda interpretarse como ausencia de la demencia, excepto cuando hay una discapacidad cognitiva importante, que entonces el resultado no debería diferir del patrón estándar para los pacientes de la demencia.

No obstante, otros exámenes neurológicos son cruciales para el diagnóstico diferencial, y las entrevistas con los familiares también se utilizan para estimar la gravedad de la demencia. La información que pueden proporcionar los cuidadores sobre las habilidades de la vida diaria, y del empeoramiento de las funciones mentales a lo largo del tiempo es muy importante, ya que su punto de vista es esencial desde el momento en que el paciente pierde noción de sus carencias. Muchas veces, incluso la familia tiene dificultades en percibir los síntomas iniciales de la demencia, y puede dar información poco precisa al psiquiatra.

Por ello, se llevan a cabo tests suplementarios que informan sobre algunas características de la demencia o que descartan otras posibles demencias, como por ejemplo análisis de sangre, que pueden identificar causas de demencia alternativas al Alzheimer, las cuales, en algunos casos, son reversibles. También es frecuente que se efectúen tests psicológicos por depresión, ya que a menudo se da simultáneamente como signo precoz de discapacidad cognitiva y, en algunos casos, es la causa.

En caso de que se disponga de técnicas de imagen como el SPECT o PET como herramientas para hacer diagnósticos, se utilizan para confirmar las sospechas de Alzheimer junto con las evaluaciones del estado mental. En una persona con la demencia, un SPECT resulta ser mejor para diferenciar el Alzheimer de otras posibles causas, comparado con los métodos habituales que se basan en los tests mentales y el análisis del historial médico. Pero recientemente se han encontrado nuevas técnicas de detección que han hecho plantear la necesidad de un nuevo criterio de diagnóstico., como la PiB PET en la que se analizan los beta-amiloide o las proteínas tau presentes en el fluido cerebroespinal. Esta técnica ha sido desarrollada para poder visualizar los depósitos de Aβ de forma directa y clara, in vivo, utilizando un marcador que se adhiere selectivamente. Estudios recientes sugieren que este PiB PET alcanza un 86% de precisión a la hora de predecir cuáles de las personas que presentan una ligera discapacidad cognitiva desarrollarán la enfermedad de Alzheimer antes de dos años; y un 92% a la hora de descartar la probabilidad de padecerla. Por otra parte, una resonancia magnética volumétrica también es muy útil como método diagnóstico, ya que puede detectar cambios en el tamaño de determinadas regiones del cerebro que atrofian a lo largo del progreso del Alzheimer, y, además, resulta bastante más barata que otros métodos de imagen que se utilizan actualmente para el estudio.

Prevención del alzheimer

Hoy por hoy, no hay ninguna prueba definitiva que apoye una medida concreta para prevenir el Alzheimer. Es frecuente que los estudios de medidas de prevención o retraso de la manifestación de la enfermedad terminan con resultados inconsistentes. Sin embargo, hay estudios epidemiológicos que han propuesto la existencia de relaciones entre ciertos factores variables, como la dieta, el riesgo cardiovascular, los productos farmacéuticos o la actividad individual, entre otros, y la probabilidad de la población a desarrollar la enfermedad . La posible ayuda de estos factores evitarla sin embargo, sólo se puede demostrar en estudios futuros que incluyan ensayos clínicos.

Se ha encontrado que, a pesar de que los factores de riesgo cardiovascular están relacionados con un mayor riesgo de manifestar demencia, las estatinas, que son fármacos que disminuyen los niveles de colesterol, no son efectivas para prevenir o mejorar el curso de la enfermedad. Sin embargo, parece que los componentes de la dieta Mediterránea, que incluye fruta y verdura, pan, trigo y otros cereales, aceite de oliva, pescado y vino tinto, podrían reducir el riesgo, aunque no se sabe si se habla de todos individualmente, todos como conjunto, o se deberían especificar algunos. Lo que se cree que actúa como mecanismo de acción es su efecto cardiovascular beneficioso, pero hay una evidencia limitada que un consumo ligero y moderado de alcohol, particularmente de vino tinto, esté relacionada con un menor riesgo de padecer Alzheimer.

Del mismo modo, estudios sobre el uso de vitaminas tampoco han encontrado pruebas suficientes de la eficacia de recomendar vitamina C, y o ácido fólico con vitamina B12 o sin como agentes preventivos o tratamientos del Alzheimer. Además, la vitamina E está asociada a importantes riesgos de salud.

La edad es un factor de riesgo importante. En 2012, tan sólo el 0,002% de las defunciones por enfermedad de Alzheimer en los Estados Unidos se produjeron en personas de menos de 35 años, mientras que el 98,87% se produjeron en individuos de 65 años o más.

Por el contrario, el consumo a largo plazo de antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) se asocia con una reducción de la probabilidad de padecerlo. Según diversos estudios post mortem con humanos, investigaciones con modelos animales o in vitro, los NSAIDs pueden reducir la inflamación causada por las placas de amiloide. Y, aunque los ensayos que han investigado su uso como tratamiento paliativo no han logrado llegar a resultados positivos, los que lo han hecho como agente preventivo aún no han terminado y, por tanto, los resultados están a la expectativa. Como ejemplos, se ha observado que la curcumina presente en el curry presenta cierta efectividad a la hora de prevenir el daño cerebral en modelos de ratón debido a sus propiedades antiinflamatorias. Por otra parte, se ha visto la terapia de sustitución de hormonas que se utilizaba antiguamente no previene de ninguna manera la demencia, e incluso en algunos casos está relacionada. Además, un estudio de 21 años de duración encontró que las personas de mediana edad que beben entre 3 y 5 tazas de café al día presentan un 65% de reducción en el riesgo de demencia en la tercera edad.

También se ha observado que las personas que realizan actividades intelectuales, como leer o jugar a juegos de mesa, hacer puzzles o crucigramas, tocan instrumentos musicales o tienen una interacción social regular presentan un riesgo reducido para la demencia. Este hecho es compatible con la teoría de la reserva cognitiva, que afirma que hay experiencias vitales que provocan mejoras en el funcionamiento neuronal, el cual, por su parte, crea una reserva cognitiva que retrasa la aparición de las manifestaciones de la demencia. Sin embargo, a pesar de que la educación pospone la aparición del síndrome de Alzheimer, no parece estar relacionada con una muerte más precoz después del diagnóstico. Del mismo modo, la actividad física también está asociada con la reducción del riesgo de padecer la enfermedad.

Otros estudios también han mostrado que existe un mayor riesgo dependiendo de factores ambientales como el consumo de algunos metales, particularmente de aluminio, o la exposición a disolventes. Hay que decir, sin embargo, que la calidad de alguno de estos estudios ha sido criticada, y que otros estudios han determinado que no existe relación entre estos factores ambientales y el desarrollo del Alzheimer. Algunos expertos también se ha propuesto que los campos electromagnéticos también están relacionados, pero otros profesionales no están de acuerdo. Estudiante campos de frecuencias muy bajas, algunas metanálisis concluyeron que la gente expuesta tenía más del doble de probabilidades de tener la enfermedad, mientras que los artículos no estaban de acuerdo en que los estudios apuntaran a una relación, o no apuntaran. Es decir, las dudas radicaban en cómo interpretar los resultados estadísticamente significativos del metanálisis.

Control

La enfermedad de Alzheimer no tiene cura. Sin embargo, hay tratamientos disponibles que ofrecen beneficios sintomáticos relativamente pequeños pero que permanecen paliativos por naturaleza. Los tratamientos actuales se pueden clasificar en farmacéuticos, psicológicos y cuidadores.

Tratamiento farmacéutico

Actualmente, hay cinco fármacos que han sido aprobados de forma general por agencias reguladoras como la Administración de Alimentos y Fármacos y la Agencia Europea de Medicamentos para tratar las manifestaciones cognitivas de la enfermedad. Tres de estos medicamentos son inhibidores de la acetilcolinesterasa y el otro es memantina, que es un antagonista del receptor del NMDA (ácido N-metil-D-aspártico). No hay ningún medicamento que retrase o detenga el progreso de la demencia.

Es sabido que la reducción de la actividad de las neuronas colinérgicas es una característica de la enfermedad. Los inhibidores de la acetilcolinesterasa se utilizan para reducir el ritmo al que se degrada la acetilcolina (ACh) y, por tanto también hacen incrementar la concentración de ACh en el cerebro y combaten la pérdida de esta sustancia causada por la muerte de las neuronas colinérgicas.

Como la reducción de la actividad de las neuronas colinérgicas es una de las características más conocidas de la enfermedad, para combatirla se utilizan inhibidores de la acetilcolinesterasa que reducen el ritmo de desintegración de la acetilcolina (Ach) ; para así incrementar su concentración y combatir la pérdida, que implica la muerte de las neuronas colinérgicas. Por este motivo, en 2008 se aprobaron una serie de fármacos inhibidores de la colinesterasa para controlar los síntomas del Alzheimer, entre los que el donepezilo (de marca ”Aricept), galantamina (”Razadyne) (Razadyne ), y rivastamina. Hay pruebas de la eficacia de estos medicamentos en moderar ligeramente la enfermedad, y también algunas en su utilidad en fases avanzadas. Sin embargo, como tratamiento para las últimas etapas sólo está aprobado el donepezilo. Por otra parte, no se ha podido demostrar que el hecho de tomar estas drogas en casos de discapacidad cognitiva ligera produzca ningún efecto para retrasar las manifestaciones progresivas. Los efectos secundarios más comunes son las náuseas y los vómitos, los cuales están relacionados a un exceso de colinérgicos, y aparecen en aproximadamente el 10 o el 20% de los pacientes con intensidades variables. Otros efectos menos comunes serían los calambres musculares, la disminución del ritmo de corazón (braquicàrdia), el apetito y el peso, y un incremento en la producción de ácido gástrico.

El glutamato es un neurotransmisor excitante del sistema nervioso, aunque en cantidades excesivas puede provocar la muerte celular a través de un proceso llamado exitotoxicitat, que consiste en la sobreestimulación de los receptores de glutamato. Este proceso no sólo es característico del Alzheimer, sino que también se da en otras enfermedades como el Parkinson y la esclerosis múltipe. Por ello, existen fármacos de Memantina (de las marcas ” Akantiol, Axura, Ebixa / Abixa, Memox y Namenda), que es un receptor antagonista del NMDA (ácido N-metil-D-aspártico) no competitivo, el cual también había sido utilizado como agente antigripal, y que actúa en el sistema glutamatérgico bloqueando los receptores del NMDA e inhibiendo su sobreestimulación debido al exceso de glutamato. Se ha observado que la memantina es ligeramente eficaz para el tratamiento del Alzheimer desde estadios moderados hasta los más severos. Sin embargo, no se conocen cuáles son los efectos concretos en los casos precoces y, además, también se han detectado algunos efectos adversos esporádicos y poco importantes, como alucinaciones, confusión, mareo, maltas de cabeza y cansancio Al parecer, la combinación de la memantina y el donepezilo es la opción con la efectividad “más estadísticamente significativa, pero menos rentable clínicamente”.

Por otra parte, los fármacos antipsicóticos son modestamente útiles a la hora de reducir la agresividad y la psicosis en pacientes con problemas de comportamiento, pero hay que tener en cuenta que están asociados a serios efectos adversos, como por ejemplo problemas cardiovasculares, dificultad de movimientos y declinación cognitiva, por lo que no permite mantener la rutina y la independencia. Cuando se habla a largo plazo, además, se ha observado que están asociados a un incremento de la mortalidad.

Intervención psicológica

La intervención psicológica se utiliza como complemento del tratamiento farmacéutico, o se puede clasificar según si va destinada al comportamiento, al sentimiento, a la cognición o la estimulación. Es difícil encontrar estudios sobre este tema específicos para el Alzheimer; ya que la mayoría se concentran en las demencias en general.

Orientada al comportamiento

Las intervenciones psicológicas referidas al comportamiento pretenden identificar y reducir los antecedentes y las consecuencias de los problemas de actitud. Aunque esta terapia no parece tener una utilidad demasiado trascendente en la mejora del funcionamiento general, puede ayudar a reducir algunos problemas específicos de comportamiento, como por ejemplo la incontinencia. Hay que decir, sin embargo, que hay una carencia en la calidad de los datos que informan sobre la efectividad de estas técnicas cuando se trata de otros problemas como el deambular.

Orientada al sentimiento

Bajo esta terapia se incluyen diversos métodos, aunque es difícil dar apoyo a su utilidad como conjunto. Son ejemplos lateràpies de reminiscencia, de validación, psicoterapias de apoyo, de integración sensorial (también llamada snoezelen) y de presencia estimulada.

  • Psicoterapia de apoyo: A pesar de que apenas se le han dedicado estudios pequeños o informales algunas clínicas se lo encuentran utilidad para ayudar a los pacientes medianamente discapacitados a acostumbrarse a su enfermedad.
  • Terapia de reminiscencia (RT): Involucra la discusión de experiencias pasadas, ya sea individualmente o en grupo, a menudo con ayuda de fotografías, objetos de la casa, música y grabaciones y otros objetos que pueden hacer al paciente pensar en su pasado. Aunque hay muy pocos estudios de los efectos y la eficiencia de esta terapia, se cree que beneficia la cognición y la disposición del enfermo.
  • Terapia de la presencia estimulada (STP): Se basa en teorías accesorias e implica que el enfermo escuche grabaciones de voces de familiares cercanos. Hay una evidencia parcial que indica que este método podría reducir los comportamientos desafiantes.
  • Terapia de validación: Implica la aceptación de la realidad de la experiencia de otro.
  • Terapia de integración sensorial (snoezelen): Comprende ejercicios que tienen el objetivo de estimular los sentidos y las capacidades sensoriales.

Orientada a la cognición

A través del entrenamiento de las capacidades cognitivas, esta técnica pretende reducir los déficits cognitivos causados ​​por la enfermedad. La orientación en su realidad consiste en presentar al paciente información sobre tiempo, espacio o personas para facilitarle la comprensión de su entorno y el mundo que le rodea. Por otra parte, el entrenamiento de la cognición también intenta mejorar las capacidades perdidas a través de ejercicios que estimulan las habilidades mentales. En conjunto, estos dos tipos de actividades han demostrado cierta eficacia en su objetivo, que es mejorar las capacidades cognitivas, pero en algunos estudios esta efectividad ha sido transitoria y dentro y todo negativa, manifestándose en actitudes de frustración, por ejemplo.

Orientada a la estimulación

En esta terapia se incluye arte, música, mascotas, ejercicios y otras actividades recreativas. En cuanto a los efectos, ofrece un apoyo en la mejora del comportamiento, la disposición y, en menor extensión, la funcionalidad. Sin embargo, el principal apoyo que ofrece esta terapia, tan importante como los efectos que causa, son los cambios en la rutina del paciente.

Tratamiento cuidador

Si se tiene en cuenta que el Alzheimer no tiene cura y que hace volver a los enfermos incapaces de ocuparse de ellos mismos, cuidarlos es el tratamiento esencial y debe ser llevado cuidadosamente y de forma adecuada a las diferentes situaciones del proceso de la enfermedad.

Durante los primeros estadios, los cambios en el ambiente y el estilo de vida pueden ayudar a incrementar la seguridad del paciente y reducir la carga del familiar cuidador. Por el momento, los cambios pueden ser tanto simples como el adhesión a rutinas más simples, cambiar las cerraduras por unos más seguros, etiquetar los objetos del día a día para impedir errores o para introducir nuevos objetos que le faciliten la rutina. El enfermo puede llegar a ser incapaz de alimentarse por sí solo, por lo tanto necesitará que se le prepare la comida en trozos pequeños o en puré, y cuando aparecen dificultades para tragar, se necesitan tubos de alimentación directa. En estos casos, sin embargo, los cuidadores y familiares deben considerar severamente la eficacia médica y la ética de continuar alimentando atrificialment al enfermo. Raramente se aconsejan limitadores físicos en ningún momento del progreso de la demencia, aunque en algunas situaciones es necesario y difícil prevenir el daño del enfermo y de las personas que lo cuidan.

A medida que la enfermedad avanza pueden presentarse varios problemas médicos, como enfermedades orales o dentales, úlceras, malnutrición, problemas de higiene o de respiración, en la piel, infecciones en el ojo, etc. No obstante, mayoritariamente se pueden prevenir con un trato cuidadoso hasta que aparecen, y sólo entonces se necesita tratamiento profesional. Durante el último tramo de la enfermedad, el tratamiento central tiene como objetivo aliviar el malestar hasta que llega la muerte.

Un pequeño estudio reciente EEUU concluyeron que los pacientes que tenían cuidadores con una comprensión realista del pronóstico y de las complicaciones clínicas de la demencia avanzada tenían menos probabilidades de recibir tratamientos agresivos cuando se acercaban al final de la vida.

Pronóstico

Las primeras fases de la demencia son difíciles de diagnosticar; en general el diagnóstico definitivo no se hace hasta que las discapacidades cognitivas comprometen las actividades de la vida diaria, aunque el afectado aún pueda vivir independientemente. A partir de aquí, la demencia progresa desde estos ligeros problemas cognitivos como la pérdida de memoria, pasando por problemas tanto congitius como no-cognitivos, hasta que llega a eliminar toda posibilidad de vida independiente.

La esperanza de vida de los pacientes es reducida; de unos 16 años aproximadamente para los que siguen un diagnóstico pautado y correcto. Menos del 3% de los enfermos viven más de 14 años. Las características de la enfermedad que están significativamente asociadas con una supervivencia reducida suelen ser el aumento severo de las discapacidades cognitivas, la disminución de los niveles funcionales, el historial de caídas y debilidad ósea, alteraciones en el examen neurológico, etc… Pero hay otras enfermedades como problemas cardiovasculares, diabetes o abuso del alcohol a lo largo de la vida que también se ven relacionadas con el acortamiento de las probabilidades de supervivencia. Mientras que se puede establecer, de forma general, que como más joven se manifiesta la enfermedad más años se pueden sobrevivir, esta esperanza se ve drásticamente reducida cuando se compara con la población sana. Además, los hombres tienen un pronóstico menos favorable de sobrevivir que las mujeres.

La demencia es la causa subyacente de muerte en el 70% de los casos. Por otra parte, la neumonía y la deshidratación son las causas inmediatas más frecuentes, mientras que el cáncer es una causa de muerte menos frecuente que en la población en general.

Epidemiología

En los estudios epidemiológicos se utilizan, básicamente, dos medidas: la incidencia y la prevalencia.

Incidencia

Si se examinan los estudios que han medido la incidencia para el Alzheimer se encuentran tasas de entre 10 y 15 por mil personas y año para las demencias en general, y tasas de entre 5 y 8 por el Alzheimer. Según el Registro de Demencias de la Región Sanitaria Girona (ReDeGi), en la región sanitaria de Girona la incidencia fue de 6,7 casos por cada 1.000 personas en la población de más de 64 años y de 13, 4 casos por cada 100.000 personas en la en población de 30 a 64 años.

Cada año, la mitad de nuevos casos de demencia son Alzheimer. Sin embargo, esta cifra no es igual para toda la población, sino que hay ciertas variables que definen factores de riesgo para los que hay más probabilidad, y por tanto más incidencia, de padecer la enfermedad. Un factor de riesgo primario sería la edad; cada cinco años después de los 65, el riesgo de manifestar demencia prácticamente se dobla, creciendo desde el 3 hasta el 69 por mil personas en un año. Otro factor de riesgo, por otra parte, es el edad; las mujeres tienen un mayor riesgo de desarrollar el Alzheimer particularmente cuando superan los 85.

Prevalencia

La prevalencia del Alzheimer en las poblaciones depende de diferentes factores como la inferencia y la supervivencia. Por tanto, como que la incidencia incrementa con la edad, es particularmente importante el hecho de indicado la media de edad de la población estudiada. En los Estados Unidos, durante el año 2000, la prevalencia para el Alzheimer fue estimada en torno al 1,6% para la franja de edad de los 65 a los 74 años, y se observó que incrementaba hasta el 19% en el grupo de 75 a 84 y hasta el 42% para los mayores de 84 años. En cambio, estas cifras resultan ser mucho más bajas en regiones menos desarrolladas. La ​​OMS estimó que en 2005 tan sólo un 0,397 % de la población en el mundo tenía demencia, y que la prevalencia incrementaría hasta el 0,441% en 2015, y hasta el 0,556% en 2030. Otros estudios han llegado a conclusiones similares; asimismo, otro estudio calculó que en 2006, el 0,40% de la población mundial tenía Alzheimer (dentro del rango 0,17-0,89%; número absoluto 26,6milions, en el rango de entre 11,4 y 59,4 millones) y que en 2050 la prevalencia se habría triplicado y el número absoluto, cuadruplicado.

Que es el Alzheimer? Síntomas, diagnóstico y control
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