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La inmunología es el estudio de las bases biológicas y bioquímicas de los mecanismos de defensa del cuerpo contra patógenos, tales como bacterias, virus y hongos, u otras sustancias ajenas, tales como toxinas y venenos. Es una subdisciplina de las ciencias de la salud. La inmunología también estudia los desajustes y las disfunciones de estos mecanismos de defensa.

El objeto de estudio de la inmunología es el sistema inmunitario, un sistema de procesos celulares y moleculares que se encargan de reconocer y eliminar los patógenos y las sustancias ajenas. En conjunto, estos procesos forman la respuesta inmunitaria. Debido al papel central que juega el sistema inmunitario humano en una gran variedad de enfermedades, la inmunología tiene una gran importancia en medicina a la hora de comprender, prevenir, diagnosticar y tratar las enfermedades.

Existen varias ramas de la inmunología. La inmunoquímica estudia la estructura de los antígenos, los anticuerpos y las bases químicas de las reacciones inmunitarias. La inmunogenética estudia el aspecto genético de las reacciones inmunitarias, como por ejemplo los mecanismos de producción de anticuerpos, de receptores de los linfocitos T y de complejos antigénicos. La inmunopatología y la inmunología clínica estudian las disfunciones del sistema inmunitario, como por ejemplo las alergias, la formación de tumores y las enfermedades autoinmunes.

Historia

Primeras observaciones

Los documentos más antiguos conocidos que contienen referencias a fenómenos inmunitarios relevantes datan del año 430 aC. Durante la pandemia de Atenas, que tuvo lugar durante la Guerra del Peloponeso, el historiador Tucídides afirma que las únicas personas que osaban ocuparse de los enfermos eran las que ya habían sufrido la enfermedad y habían sobrevivido.

En los alrededores el año 100 aC, en China, se tienen noticias de la transmisión deliberada de la viruela en personas sanas con el objetivo de inmunizar foto. Esta práctica, que implicaba la inoculación de pus de personas ligeramente enfermas a personas sanas (un método de inmunización denominado variolización), se extendió mucho a partir del siglo XV, especialmente en China, India y Turquía. A través de la esposa del embajador británico en Constantinopla, que permitió que su hijo fuera inmunizado de esta manera, la variolización llegó a Inglaterra en los alrededores de 1722 y en los años siguientes se extendió por el resto de Europa .

En ese mismo tiempo, el médico rural inglés Edward Jenner comprobó que las ordeñadoras que se habían infectado con la viruela bovina, inofensiva para los humanos, o bien no eran afectadas por las frecuentes epidemias de viruela, o bien si eran afectadas, se restablecían rápidamente . Después de observar a conciencia este fenómeno, el 14 de mayo de 1796 Jenner vacuna a un niño sano de ocho años con líquido intersticial proveniente de una pústula de una ordeñadora infectada con la viruela vacuna. Después de que el niño se restableciera fácilmente de la viruela bovina, Jenner el infectado con viruela auténtica. El niño también se recuperó de esta infección sin sufrir síntomas graves.

En comparación con la variolización, el procedimiento de Jenner ofrecía ciertas ventajas decisivos: las personas vacunadas con la viruela vacuna no presentaban las pústulas típicas de la viruela, ni las cicatrices resultantes; no había posibilidades de que la vacuna causara la muerte y las personas vacunadas no representaban ningún riesgo de contagio. Por eso, hoy en día Edward Jenner es considerado el fundador de la inmunología.

El principio de la investigación inmunológica

Un hito en el desarrollo de la inmunología, que marcó el inicio de la investigación dirigida, fue el desarrollo de una vacuna contra la rabia; lo consiguió Louis Pasteur en 1885. El 6 de julio de 1885, la inoculado a un niño de nueve años llamado Joseph Meister, que dos días antes había sido mordido por un perro infectado. De este modo, Joseph Meister se convirtió en la primera persona en la historia de la medicina que sobrevivió a una infección de la rabia.

A lo largo del año siguiente, esta vacuna fue inyectada a 350 personas infectadas Además, ninguna de las cuales murió de rabia. Tres años antes, Robert Koch ya había descubierto el patógeno de la tuberculosis, y poco tiempo después la prueba de la tuberculina, que permitía detectar una infección de tuberculosis basándose en la respuesta inmunitaria.

En 1888, Pierre Paul Émile Roux y Alexandre Émile Jean Yersin descubrieron la toxina de la difteria. Dos años más tarde, Emil Adolf von Behring y Kitasato Shibasaburō detectaron la antitoxina contra la difteria en el suero de pacientes que habían sobrevivido a la enfermedad. Behring empezó a utilizar este antisuero para el tratamiento de la difteria.

En reconocimiento a los resultados de su investigación, en 1901 ganó el primer Premio Nobel de Medicina o Fisiología. El bacteriólogo belga Jules Baptiste Vincent Bordet descubrió en 1898 que calentar el suero a 55 ° C casi no tenía efecto sobre su capacidad de unirse a ciertas sustancias químicas, pero su efecto bactericida desaparecía. Basándose en este descubrimiento, postuló la existencia de un componente sensible al calor en el suero, necesario para que éste hiciera su efecto sobre las bacterias, y le dio el nombre de Alexina.

Durante los años siguientes, Paul Ehrlich trabajó intensamente en la investigación de este componente e introdujo el concepto de complemento, todavía utilizado hoy en día.

El origen de dos corrientes de pensamiento

A principios del siglo XX, la investigación inmunológica se dividió en dos corrientes. Los humoralimmunòlegs, los más prominentes de los cuales fueron Paul Ehrlich y Emil Adolf von Behring, apoyaban la teoría de que había que buscar las bases de la inmunidad en sustancias del suero, es decir, las antitoxinas. En los alrededores de 1900, y durante las décadas siguientes, ésta fue la posición predominante.

La otra corriente era el de los inmunólogos celulares, que se basaban principalmente en la obra de George Nuttall y la de Iliá Ilich Métxnikov entre el 1883 y el 1884. Basándose en investigaciones sobre el efecto de los leucocitos sobre los bacterias, Métxnikov pudo demostrar la importancia de los procesos celulares en la defensa contra patógenos. Como quedaría demostrado más adelante, ambos aspectos tienen una importancia similar en el funcionamiento del sistema inmunitario y de la respuesta inmunitaria.

Sin embargo, no fue hasta las inmediaciones del 1940 que las teorías de los inmunólogos celulares encontraron uno y reconocimiento general, y que la idea de que los anticuerpos son el mecanismo principal del sistema inmunitario fue abandonada.

En 1901, Karl Landsteiner descubrió el sistema AB0 de los grupos sanguíneos, haciendo una importante contribución a la comprensión del sistema inmunitario. Clemens Peter Freiherr von Pirquet observó en 1906 que los pacientes que recibían un tratamiento repetido con suero de caballo tenían una reacción violenta en la segunda donación.

Pirquet acuñó el término “alergia” para referirse a esta reacción de hipersensibilidad. Emil von Dungern y Ludwik Hirszfeld publicaron en 1910 sus conclusiones sobre la heredabilidad de los grupos sanguíneos, y por tanto, los primeros resultados sobre la genética de los componentes del sistema inmunitario. En esta obra, también acuñaron la nueva distinción “AB0” – sin embargo, no se convirtió en oficial en todo el mundo hasta el 1928.

En 1917, Karl Landsteiner describió el concepto de los haptenos, pequeñas moléculas que pueden desencadenar una reacción inmunitaria con la producción de anticuerpos específicos por medio de su unión a una proteína. Lloyd Felton consiguió en 1926 extraer anticuerpos del suero. Entre 1934 y 1938, John Marrack desarrolló por primera vez una teoría sobre el reconocimiento específico de los antígenos por parte de los anticuerpos.

El desarrollo de la inmunología moderna

Mientras estudiaba el rechazo de trasplante, Peter Gorer descubrió en 1936 el antígeno H-2 del ratón, y con él el primer complejo mayor de histocompatibilidad (MHC). También en el curso de estudios sobre el rechazo de trasplante, Peter Medawar y Thomas Gibson pudieran aclarar funciones importantes de las células inmunitarias. Así comenzó finalmente la aceptación de la inmunología celular.

En 1948, Astrid Fagraeus descubrió que los anticuerpos son producidos por los linfocitos B del plasma. Un año más tarde, Frank Macfarlane Burnet y Frank Fenner publicaron su hipótesis sobre la tolerancia inmunitaria, que sería confirmada algunos años más tarde por Jacques Miller con el descubrimiento de la eliminación de linfocitos T autorreactivos el timo. En 1957, Frank Macfarlane Burnet describió la teoría de la selección clonal como principio central de la inmunidad adaptiva.

En 1957, el británico Alick Isaacs y el suizo Jean Lindemann descubrieron, durante su investigación de los efectos de infecciones víricas sobre cultivos de células, que durante la infección vírica, las células se volvían más resistentes ante segundas infecciones con otro virus. Aislaron una proteína de estas culturas infectadas, a la que dieron el nombre de interferón.

A finales de la década de 1960 y principios de la década de 1970, John David y Barry Bloom descubrieron el Factor Inhibidor de Migración de los Macrófagos (MIF) y una nueva clase de sustancias secretadas por los linfocitos. Dudley Dumonde acuñó el término limfocina por estas sustancias. Stanley Cohen, que en 1986 consiguió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por su descubrimiento de los factores de crecimiento NGF y EGF, empezó a estudiar a principios de la década de 1970 las funciones de los factores denominados limfocines junto con Takeshi Yoshida.

Descubrieron que estas sustancias pertenecen a un grupo de sustancias mensajeras que son producidas por muchos tipos diferentes de células del sistema inmunitario. En 1974 Stanley Cohen propuso el término “citoquina”, que se consolidó con el descubrimiento de aún más sustancias de este tipo. Desde entonces se han descubierto más de cien nuevas citoquinas, la estructura y las funciones de las que han sido investigadas en detalle.

Los principios de la inmunología moderna se sitúan alrededor de 1960. Rodney Porter logró determinar la estructura de los anticuerpos entre 1959 y 1961. Al mismo tiempo, Jean Dausset descubrió el complejo mayor de histocompatibilidad humano, el denominado complejo antígeno leucocitario humano . A partir de estos años, los fundamentos de la inmunología celular también fueron clarificados por una serie de científicos, comportando entre otras la diferenciación y descripción de los linfocitos B y T y el descubrimiento de sus respectivas funciones, por parte de Jacques Miller. Así se impuso la división de la defensa inmunitaria en una parte humoral y una de celular.

A lo largo de las décadas siguientes, entre otras cosas, se descubrieron los diversos tipos de anticuerpo y sus funciones fueron investigadas. En 1975, Georges Köhler y César Milstein desarrollaron la técnica de hibridomas para producir anticuerpos monoclonales. Debido a las amplias consecuencias de este descubrimiento para la investigación básica, así como para el diagnóstico y terapia de enfermedades, en 1984 obtuvieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina.

Otros descubrimientos importantes concernían la base genética de la inmunología, como la descripción de la restricción por el MHC por parte de Rolf Zinkernagel (1974), la identificación de los genes de la inmunoglobulina por parte de Susumu Tonegawa (1985), y la de los genes de los receptores de los linfocitos T por parte de Leroy Hood ( 1985).

Objeto de estudio

El objeto de estudio principal de la inmunología es el sistema inmunitario de los mamíferos. Se trata de un complejo sistema de moléculas y de células que se dedican a reconocer y desactivar las estructuras ajenas al cuerpo. Las reacciones del sistema ante estas estructuras son agrupadas bajo el nombre de respuesta inmunitaria. Los órganos del cuerpo responsables de la respuesta inmune son agrupados junto con los vasos linfáticos como sistema linfático. El sistema cardiovascular también es de gran importancia para la respuesta inmunitaria.

La investigación inmunológica concierne principalmente los aspectos médicos y clínicos de la respuesta inmunitaria, como por ejemplo su disfunción en ciertos trastornos, así como su papel deseado en el tratamiento de enfermedades. Otro ámbito de investigación importante es el uso de métodos inmunológicos con fines analíticos y diagnósticos. La inmunología se puede dividir en varias subdisciplinas según el elemento estudiado, la metodología utilizada y el punto de vista que se considera.

Inmunología celular

La inmunología celular ocupa de las células del sistema inmunitario y de las reacciones que llevan a cabo. Entre las células del sistema inmunitario innato se encuentran los neutrófilos, los fagocitos macrófagos, o las células NK, entre otros. El sistema inmunitario adaptativo incluye los linfocitos B y los linfocitos T. En contraste con el sistema inmunitario innato, el sistema inmunitario adaptativo puede presentar una respuesta específica contra estructuras ajenas determinadas, siempre que haya tenido un contacto previo. En cambio, para la respuesta inmunitaria innata, relativamente inespecífica, no es necesario este contacto previo.

Inmunología humoral

La inmunología humoral se ocupa de los procesos del sistema inmunitario basados en las proteínas. El sistema del complemento, que forma parte de la respuesta inmunitaria innata, es un ejemplo. En la parte adaptativa del sistema inmunitario, los anticuerpos son los responsables de la inmunidad humoral. Otro ámbito de investigación importante de la inmunología humoral son las citoquinas. Se trata de proteínas que se encargan de la regulación del sistema inmunitario y de la comunicación de sus diferentes componentes.

Otras subdisciplinas

La inmunoquímica estudia la estructura y las propiedades de los antígenos y anticuerpos, así como las bases químicas de la respuesta inmunitaria. Un uso importante de la inmunoquímica son los procesos diagnósticos y analíticos basados en la reacción antígeno-anticuerpo, como por ejemplo la inmunohistoquímica. La inmunogenética ocupa de las bases genéticas del sistema inmunitario, así como la variabilidad de origen genético de reacciones inmunitarias como los mecanismos de producción de anticuerpos, receptores de los linfocitos T y complejos presentadores de antígeno. La inmunopatología y la inmunología clínica conciernen a los aspectos médicos de la inmunología.

Inmunología de los invertebrados

Por motivos históricos, la inmunología estudia principalmente el sistema inmunitario de los vertebrados, especialmente el de los mamíferos. Esto se debe sobre todo a los orígenes médicos de la inmunología, y también ha hecho que en los libros de texto y otras publicaciones sobre inmunología sólo se presente el sistema inmunitario de los mamíferos como objeto de estudio. Sin embargo, una rama de la investigación inmunológica se ocupa también del sistema inmunitario de los animales invertebrados.

En contraste con el sistema inmunitario de los vertebrados, este se caracteriza por la falta de un sistema inmunitario adaptativo, y por tanto por el predominio de respuestas inmunitarias inespecíficas, por medio de la existencia de mecanismos de defensa bioquímicos en forma de péptidos antimicrobianos así como estructuras anatómicas formadas por la prevención física de la entrada de patógenos y de sustancias ajenas. los fagocitos tienen un papel central en la inmunidad celular de los animales invertebrados.

El objetivo de esta investigación es comprender mejor la evolución del sistema inmunitario y por consiguiente sus funciones. Mediante la comparación de los mecanismos de defensa de diferentes animales se puede averiguar cuáles de sus componentes son comunes a todos ellos, y cómo se han desarrollado.

Por ello, también se habla de inmunología comparativa. Otros ámbitos en los que trabaja la investigación de la inmunología de los invertebrados son la ecotoxicología, el control de plagas y la higiene. Dentro de la investigación Biomedicinal, la comprensión del sistema inmunitario de los invertebrados permite utilizarlos como organismo modelo. Algunos componentes bioquímicos del sistema inmunitario de los invertebrados también pueden tener usos terapéuticos o diagnósticos.

Aspectos fisiopatológicos

El sistema inmunitario está implicado directa o indirectamente en una multitud de enfermedades y otros trastornos clínicamente importantes. Estos trastornos se pueden distinguir a partir de los mecanismos subyacentes.

Defensa contra los patógenos

Durante las infecciones por parte de bacterias, virus, protozoos u hongos, en condiciones normales se produce una defensa inmunitaria contra la entrada y la expansión del patógeno. Sin embargo, bajo ciertas condiciones la respuesta inmunitaria puede fracasar o ser insuficiente, por lo que la infección se extiende y el sistema inmunitario ya no es capaz de controlarla.

Esto puede provocar que una infección se convierta en crónica, lo que significa que los patógenos permanecen en el interior del cuerpo y pueden causar síntomas permanentes o espontáneos. Una grave infección generalizada, en la que una infección local se ha extendido por todo el cuerpo a través del riego sanguíneo, es denominada sepsis. Debido a la reacción masiva del cuerpo a esta condición, a menudo es mortal.

Respuesta inmunitaria equivocada o excesiva

Las denominadas enfermedades autoinmunes son provocadas por una reacción equivocada del sistema inmunitario contra estructuras propias del cuerpo. Estas reacciones pueden comportar o bien la destrucción irreversible de tejidos del cuerpo o deteriorar el funcionamiento de moléculas del cuerpo tales como receptores o hormonas. Algunos ejemplos de enfermedades autoinmunes son la diabetes mellitus de tipo I, la tiroiditis de Hashimoto, la miastenia grave, la enfermedad de Graves o la mayoría de enfermedades reumáticas inflamatorias, como la artritis reumatoide.

En las alergias, o reacciones de hipersensibilidad, se produce una reacción excesiva del sistema inmunitario ante ciertas estructuras ajenas. Un requisito para la formación de una alergia es un primer contacto inofensivo con la sustancia ajena, denominada alérgeno. En este primer contacto se produce la denominada sensibilización, es decir, la formación de una respuesta inmunitaria específica. Cada nuevo contacto con el alérgeno puede provocar una potente reacción del sistema inmunitario.

Las alergias más frecuentes son el polen, el pelo de los animales, los alimentos y los medicamentos. La celiaquía es una mezcla de alergia y de enfermedad autoinmunitaria, pues se debe a una reacción cruzada del sistema inmunitario con el tejido del intestino delgado, provocada por el gluten presente en varias especies de cereales.

Respuesta inmunitaria insuficiente o inmunodeficiencia

Entre las enfermedades que se caracterizan por una respuesta inmunitaria insuficiente (immunoinsuficiència) se encuentra el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), provocada por una infección con el virus de la inmunodeficiencia humana. Las enfermedades innatas de inmunodeficiencia graves, en que están afectadas tanto la inmunidad humoral como la celular, son agrupadas bajo el término “inmunodeficiencia combinada grave”. Los pacientes con una inmunodeficiencia innata o adquirida presentan una alta susceptibilidad a enfermedades infecciosas, que con una inmunidad debilitada pueden conducir incluso a la muerte.

El sistema inmunitario también tiene un papel importante en el cáncer. Los pacientes con inmunodeficiencia, causada por un tratamiento inmunosupresor después de un trasplante de órgano o por una infección con VIH, sufren ciertos tipos de cáncer con mucha más frecuencia. El sistema inmunitario se encarga de controlar las células deterioradas, desactivándose antes de que se pueda desarrollar un tumor manifiesto. La parte de la inmunología que estudia los procesos de la creación, el desarrollo y la lucha contra los tumores recibe el nombre de inmunología del cáncer.

Respuesta inmunitaria contra trasplantes y implantes

Los procesos inmunológicos tienen una importancia capital en el trasplante de órganos. Los órganos trasplantados son reconocidos como ajenos por el sistema inmunitario, causando la correspondiente reacción inmunitaria. Sin tratamiento, esta respuesta inmunitaria conlleva el rechazo y finalmente la pérdida de función del órgano concernido. También puede darse el caso inverso, en el que las células inmunitarias contenidas dentro del órgano pueden lanzar una respuesta inmunitaria contra el organismo receptor; esto recibe el nombre de reacción del injerto contra huésped. Por tanto, el receptor del órgano debe recibir medicamentos inmunosupresores a lo largo de toda la vida, medicamentos que suprimen las respuestas inmunitarias a corto y largo plazo.

De manera similar al caso del trasplante de órganos o tejidos ajenos, el sistema inmunitario está implicado en la firme reacción del cuerpo contra implantes. Los implantes se pueden componer, por ejemplo, de metales o plásticos, y tienen muchos usos diferentes, tales como sustituir temporal o permanentemente huesos o vasos sanguíneos, como implantes plásticos para la formación de ciertas estructuras corporales, o como prótesis dentales, así como la sustitución o el refuerzo de órganos del cuerpo en su funcionamiento, tales como implantes cocleares o marcapasos. Como están compuestos de materiales ajenos, los implantes desencadenan mantos procesos inmunitarios, particularmente una reacción inflamatoria crónica. La compatibilidad inmunológica de estos materiales es pues un aspecto importante de su biocompatibilidad y contribuye de manera decisiva al funcionamiento duradero del implante.

Usos terapéuticos

Inmunomodulación

El conjunto de usos terapéuticos que reposan sobre los conocimientos y los principios de la inmunología se agrupan bajo el término “inmunomodulación”. Esto concierne a todas las terapias que apuntan a influir sobre ciertos procesos o componentes del sistema inmunitario.

Por ejemplo, es muy extendido el uso de vacunas, en el que se inocula un antígeno para que el sistema inmunitario pueda desarrollar una respuesta contra este antígeno. Las vacunas tienen un papel muy importante en la prevención de las enfermedades infecciosas . En este sentido, se han obtenido los primeros éxitos desde la creación de vacunas contra virus asociados al cáncer, como el papilomavirus humano. La sensibilización del sistema inmunitario a estructuras específicas de los tumores en enfermos de cáncer sigue el mismo principio que las vacunas.

Otro ámbito de la immodulació es conocido como hiposensibilización o inmunoterapia específica. Su objetivo es conseguir una cierta inmunotolerancia del cuerpo ante ciertos antígenos. Esto significa una reducción de la reacción inmunitaria contra estos antígenos. Se hace por medio de la inoculación repetida de los antígenos implicados, con una dosis ligeramente superior cada vez. La hiposensibilización tiene importancia terapéutica en el caso de las enfermedades causadas por alergias, y se está estudiando el uso en el caso de las enfermedades autoinmunes.

El término “inmunosupresión” agrupa una serie de terapias que aspiran a suprimir procesos inmunológicos no deseados. Esto es posible por el uso de medicamentos que interfieren en diversos procesos de la respuesta inmunitaria. Estos medicamentos inmunosupresores son utilizados principalmente en la prevención del rechazo de trasplante de órganos, pero también se utilizan para tratar enfermedades autoinmunes.

También es posible el proceso contrario, la immunoestimulació, que estimula el sistema inmunitario y refuerza la respuesta inmunitaria. Por ello, se pueden utilizar con fines terapéuticos determinadas proteínas propias del cuerpo, que intervienen en la regulación del sistema inmunitario. Las citoquinas son las que se usan más a menudo. Estas terapias son de especial relevancia en el tratamiento de las infecciones víricas.

Anticuerpos terapéuticos

Otro uso importante de los principios inmunológicos para el tratamiento de enfermedades son los anticuerpos terapéuticos. Se trata de anticuerpos, o globulinas del sistema inmunitario, que son producidos por procesos biotecnológicos y que se dirigen contra determinadas estructuras del cuerpo. Estas estructuras, que son las que tienen un papel en la enfermedad en cuestión, son destruidas o neutralizadas. A menudo, las estructuras objetivos presentan ciertas proteínas en la superficie celular, tales como proteínas de transporte, proteínas de señalización o receptores, pero también proteínas libres del suero tales como citocinas u hormonas. Los anticuerpos terapéuticos son utilizados, entre otras cosas, para el tratamiento de varios cánceres, de enfermedades autoinmunes, alergias o para la prevención del rechazo de trasplante.

Antisueros

Los anticuerpos también son utilizados como antisueros contra determinadas sustancias tóxicas. Para obtener estos antisueros, se inyecta una cantidad pequeña de la toxina correspondiente a un animal, a menudo un caballo. Entonces, el animal desarrolla anticuerpos específicos en su sangre, que neutralizan los efectos tóxicos. Una vez obtenidos y purificados los anticuerpos a partir de la sangre de estos animales, pueden ser utilizados como tratamiento agudo de envenenamientos, como por ejemplo en picaduras de serpiente. Los antisueros obtenidos de esta manera también sirven para la inmunización pasiva contra determinadas enfermedades infecciosas, cuando no se dispone de suficiente tiempo para una inmunización activa para vacunación o no existe una vacuna apropiada. Sin embargo, el uso repetido de estos antisueros también acaba provocando una respuesta inmunitaria. Por ello, generalmente se suele preferir una inmunización activa, si es posible. Como medida de emergencia, se recurre a la inmunización pasiva cuando se sospecha una infección con la rabia.

Diagnóstico inmunológico

Los métodos de laboratorio inmunológicos tienen un papel importante en el diagnóstico de enfermedades y en la investigación fundamental biomédica. Los inmunoensayos son los procedimientos que miden las características cualitativas o cuantitativas de ciertas sustancias en un líquido biológico por medio de la reacción de los anticuerpos a sus antígenos. Los inmunoensayos utilizan para identificar patógenos, así como para analizar los fluidos corporales en busca de proteínas propias del cuerpo, que en ciertas enfermedades hacen la función de biomarcadores específicos.

Para ciertas enfermedades, particularmente las alergias, enfermedades autoinmunes e infecciones, la búsqueda de anticuerpos específicos es posible como parte del diagnóstico y del control del curso de la enfermedad. También son utilizados como pruebas de embarazo. Otros usos en la medicina son la identificación de toxinas y drogas, la supervisión de principios activos dentro del cuerpo (monitorización de fármacos), o la detección de sustancias dopantes en la medicina deportiva. Aparte de los diagnósticos médicos, los inmunoensayos también se utilizan para análisis ambientales, alimentarias o agrarias, como por ejemplo para detectar toxinas ambientales, o alérgenos en los alimentos y organismos genéticamente modificados.

En los trasplantes de órganos, en los injertos de médula ósea y en las transfusiones sanguíneas, la caracterización geneticomolecular de determinados marcadores de histocompatibilidad ofrece una mayor posibilidad de asegurar compatibilidad entre el donante y el receptor. La inmunohistoquímica utiliza anticuerpos para marcar estructuras específicas en preparados microscópicos, siendo un uso importante de los principios inmunológicos en el diagnóstico patológico. En la citometría de flujo y la separación celular magnética (MACS) se utilizan anticuerpos para revelar ciertas estructuras superficiales de las células, deshaciendo así la mezcla de células o permitiendo el análisis de la composición. Para el diagnóstico clínico, es de especial relevancia en la hematología, donde se utiliza para analizar la distribución celular de la sangre.

Qué es la inmunología?
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