Varicela – Síntomas y tratamiento

La varicela es una enfermedad infecciosa contagiosa causada por el virus de la varicelozóster (VVZ), una infección muy frecuente. La varicela infecta los niños pequeños, entre los dos y los ocho años, aunque también pueden producirse se casos entre los adultos. Se ven epidemias en los ciclos de tres a cuatro años, sobre todo en los meses de enero hasta mayo.

Una vez pasado el período que el niño está protegido por los anticuerpos maternos, el contacto con el virus va seguido de una enfermedad con viremia (presencia del virus en la sangre).

Esta enfermedad es muy transmisible y puede pasar muy fácilmente de una persona a otra. Aunque la probabilidad es muy pequeña, parece que la administración de aspirina en los niños con varicela puede producir complicaciones y este medicamento no se debe administrar en estos enfermos.

La varicela sólo se puede tener una vez en la vida, sin embargo, el virus puede seguir oculto dentro del organismo y repetirse años más adelante, como herpes zóster. Thomas Huckle Weller (1915) demostró 1953 la semejanza viral de la varicela y el del herpes zoster. Ambas afecciones están determinadas por el Herpes virus varicellae del cual el hombre es el único reservorio.

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Síntomas de Varicela – Tratamiento

Síntomas de varicela

La enfermedad comienza con fiebre moderada, malestar general, pérdida del apetito y una erupción generalizada en la piel. El primer sintoma de varicela es la aparición de unas pequeñas lesiones de color rojo en la piel, que primero se pueden confundir con picaduras de insecto. Estas lesiones adoptan la forma de pequeñas vesículas o ampollas que se secan y aparece una crostera, que al cabo de diez días cae sin dejar cicatriz, excepto en el caso de haberse rascado, las lesiones se pueden localizar en cualquier parte del cuerpo. También puede haber dolor de garganta y los ganglios cervicales pueden estar inflamados. Otro síntoma muy molesto es el picor que acompaña a las lesiones. A veces este síntoma de varicela es tan intenso que impide conciliar el sueño.

La mejoría clínica coincide con el descenso de la fiebre y la aparición de las primeras costras. La duración total de la enfermedad suele ser de unos cinco a siete días habitualmente. Casi siempre se cura sin complicaciones.

Transmisión

Una persona sana puede inhalar el virus a partir de las secreciones nasofaríngeas de un enfermo. La varicela se transmite por contacto directo con la erupción antes de formarse la costra. La enfermedad también puede encomendarse a partir de las lesiones cutáneas o mediante objetos contaminados por los enfermos.

También se transmite a través del aire, por secreciones respiratorias de una persona infectada. El período más contagioso es un día o dos antes de que la erupción aparezca y cinco días después de la aparición de las vesículas. Aunque es poco frecuente, una mujer embarazada que padezca la enfermedad durante los primeros meses de embarazo puede contagiarse al feto y ocasionarle alteraciones.

Diagnóstico

Si se sospecha que se tiene la enfermedad, hay que consultar al médico, ya que son ellos los que tienen que hacer el diagnóstico y prescribir el tratamiento. Si una mujer embarazada que no ha sufrido la enfermedad ha tenido contacto con un caso, también es necesario que consulte médico. Aunque la probabilidad es muy pequeña, parece que la administración de aspirina a los niños con varicela puede producir complicaciones, como el síndrome de Reye (daño cerebral agudo y problemas hepáticos) y, por tanto, este medicamento no se ha de administrar en estos enfermos. La varicela, a menudo, es diagnosticada a partir de la erupción clásica y la historia clínica de la persona enferma. Si hay dudas, las analíticas de sangre y de las mismas vesículas puede confirmar el diagnóstico.

Vacuna

La varicela es una de las enfermedades infantiles por la que un niño debe ser vacunado. En 1970 se desarrolló una vacuna contra la varicela en Japón. Desde entonces, se han aplicado más de dos millones de dosis que han demostrado que la vacuna es segura y efectiva. Las reacciones secundarias a la vacuna son, en general, leves y pueden incluir dolor e inflamación en el sitio donde fue aplicada, cansancio, mareo, fiebre o náuseas. También pueden aparecer erupciones cutáneas. Esto puede ocurrir hasta un mes después de ser aplicada y durar un par de días. Un niño puede recibir la vacuna de la varicela junto con la MMR (sarampión, rubéola y parotiditis). Si la recibe junto con la MMR, hay que esperar un mes entre cada vacuna. También puede recibir la vacuna junto o antes o después de la vacuna DPT, polio, hepatitis B o meningitis. Aunque la vacuna contra la varicela está aprobada para utilizarse en niños sanos, las personas con sistema inmunitario débil y las mujeres embarazadas no deben recibirla.

Tratamiento para la varicela

Contra el virus de la varicela no hay tratamiento específico. El médico receta antitérmicos tipo paracetamol, si hay fiebre, y fármacos para la picazón y para secar las vesículas. Es conveniente beber abundantes líquidos durante el periodo febril. Una vez desaparecida la erupción, si no aparecen complicaciones, el restablecimiento es rápido. En el caso de sobreinfección bacteriana el médico prescribirá el tratamiento antibiótico más adecuado.

Prevención

Hay una vacuna, que se suele poner a los niños y niñas entre los 12 y los 15 meses de edad y que no requiere ninguna dosis de refuerzo. La desinfección de los objetos contaminados con las secreciones nasofaríngeas o las lesiones cutáneas de los enfermos con varicela es una medida que puede ayudar a prevenir la aparición de nuevos casos entre las personas que conviven en torno a un caso. Es importante lavarse las manos antes y después de haber tenido contacto con personas o material infectados.

Cuando el médico lo considere indicado, a las personas que tienen pocas defensas se les puede administrar, de forma preventiva, inmunoglobulina específica durante los tres o cuatro días siguientes al contacto con la persona enferma. El tiempo en que los enfermos pueden contagiar la enfermedad puede ir desde los cinco días (pero, generalmente, de uno a dos días) antes de la aparición de la erupción, hasta no más de cinco días a partir del primer brote de vesículas. Es por ello que se recomienda que el niño enfermo no vuelva a la escuela hasta pasados ​​estos cinco días. Sin embargo, puede volver antes si las lesiones están secas y con costras. La exclusión de la escuela debe ser respetada, ya que esta enfermedad es muy contagiosa y puede pasar muy fácilmente de una persona a otra. El incumplimiento de esta recomendación favorece la propagación de la enfermedad y, por tanto, la presentación de brotes epidémicos en la escuela.

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